Hace ya más de cuatro años fue un huracán, hace casi un año un terremoto y ahora una epidemia de cólera. La población de Haití, sin recursos económicos ni de infraestructuras, sabe perfectamente cómo sobrevivir en la pobreza, ya que el 80% vive en la miseria, pero no a enfermedades como el cólera que se transmite en gran parte a través del agua. El agua en Haití nunca fue potable para ninguna persona de países latinoamericanos y mucho menos para aquellos procedentes de los países desarrollados. Mientras uno podía contraer cualquier enfermedad por sólo ingerir alimentos lavados con agua, ellos bebían esa misma agua sin sufrir nada. Está claro, su organismo está preparado para luchar contra enfermedades tan mortales como la malaria pero no para combatir el cólera. Es más, la población caribeña es más susceptible. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha advertido que se trata de una enfermedad para la que no tienen anticuerpos.
Los intentos para evitar que la enfermedad se extendiera hasta Puerto Príncipe no han servido de nada y ya la ONU advierte que hasta 200.000 haitianos pueden contraer cólera. De momento, ya se han contabilizado 796 muertes mientras que 11.125 haitianos ya están hospitalizados. Frenar esta enfermedad en un escenario como Haití donde la basura inunda lo que ha quedado de las ciudades y donde 1,5 de personas viven campamentos de refugiados, es una tarea que requiere de la ayuda internacional para la que ya se han pedido 163,9 millones de dólares para combatir la epidemia.
A esto se suma que el país irá a votaciones legislativas el próximo 28 de noviembre y esto no hace más que complicar el escenario ya que, según residentes del país, las pocas recogidas de basuras que se hacen en las ciudades son cada vez más escasas.
Y mientras la enfermedad se extiende por el país cobra más fuerza la amenaza de afectar a su vecina República Dominicana. Las autoridades dominicanas aunque no han confirmado ningún caso de afección, sí que han provisto ya de salas aisladas a las zonas fronterizas para atender los casos que pudieran surgir y aconsejan a la población no ingerir alimentos en la calle. En Santo Domingo y otras ciudades es muy habitual la venta ambulante de comidas. Las cadenas hoteleras también han puesto en práctica medidas en sus cocinas disminuyendo la preparación de vegetales.
Según el Centro para el Control de Prevención de Enfermedades (CPC) de Estados Unidos la cepa es muy similar a la registrada en países del Asia como Nepal.
La población de Haití que aún no se ha recuperado del terremoto de enero del pasado año no tiene más remedio que dejar de pensar en la reconstrucción, para la que desde EEUU se prometieron 1,5 billones de dólares, y centrarse ahora en luchar contra una enfermedad que para combatirla requiere de una sanidad inexistente para ciudadanos que viven en tiendas de campaña sin servicios sanitarios ni cocinas.
Desde Santo Domingo (República Dominicana)

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